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Rol del pasado en el malestar actual

Escrito por Blanca Lihn

Portada del artículo: Rol del pasado en el malestar actual

“No me pasó nada grave” o “no entiendo por qué me afecta tanto” son frases que suelen aparecer en las personas cuando llegan a la consulta, generándoles confusión y, a veces, culpa por no poder explicar el propio sufrimiento, sin embargo, no todo malestar tiene un recuerdo claro o una causa evidente.

El pasado no sólo vive en lo que recordamos, sino también en todo lo que no pudo ser hablado, elaborado o sentido. Experiencias tempranas de la infancia, vínculos significativos o emociones que no encontraron espacio en su momento, pueden seguir influyendo en cómo hoy nos relacionamos y sentimos.

Cuando estos elementos no elaborados permanecen activos, el malestar puede expresarse a través de diferentes síntomas, como ansiedad, sensación de vacío, tristeza sin causa evidente o patrones relaciones que se repiten. De esta manera, los síntomas no se entienden únicamente como un problema actual, sino que, como una expresión de conflictos no resueltos que buscan ser reconocidos.

En muchos casos, estos elementos no se presentan como recuerdos claros, sino como sensaciones, estados emocionales o maneras frecuentes de vincularse. Por ejemplo, una dificultad persistente para descansar, una autoexigencia constante o la necesidad de control pueden originarse en experiencias pasadas que, sin darnos cuenta, se repiten en el presente.

El proceso terapéutico permite ir dando sentido a estas experiencias, favoreciendo una mayor comprensión de los propios modos de sentir y responder ante determinadas situaciones. A través de la palabra y del vínculo terapéutico, se abre la posibilidad de elaborar aquello que quedó pendiente, habilitando cambios que no pasan solo por “pensar distinto”, sino por una transformación más profunda de la experiencia emocional.

No se busca encontrar culpables ni forzar recuerdos, sino que, ofrecer un espacio en donde lo que no tuvo lugar en su momento, pueda ser pensado y nombrado. Comprender el sentido del malestar permite ampliar la comprensión de uno mismo y abrir la posibilidad de nuevas formas de posicionarse frente a la propia experiencia emocional.