Las diferencias en el procesamiento sensorial pueden presentarse en distintos perfiles del neurodesarrollo y se expresan de manera única en cada niño, niña o adolescente; por ello, la clave está en observar el patrón individual de cada NNA y adaptar el ambiente para favorecer su bienestar y participación.
En este contexto, eventos de fin de año, como cierres escolares, cambios de rutina, reuniones familiares, música a alto volumen, luces intensas, olores marcados y espacios concurridos, pueden aumentar la sobrecarga en algunos niños, niñas y adolescentes (NNA) neurodivergentes, especialmente cuando presentan hipersensibilidad sensorial.
El sistema nervioso puede registrar ciertos estímulos cotidianos como excesivos, como el ruido ambiental, algunas texturas, etiquetas de ropa o luces intermitentes, lo que incrementa el esfuerzo de autorregulación y la fatiga.
Cuando la sobrecarga se acumula, es esperable observar señales como irritabilidad, ansiedad, evitación, llanto, necesidad de aislarse o cambios bruscos en el ánimo.
Más que interpretarlo como “mal comportamiento”, suele ser más útil comprenderlo como una respuesta de estrés del sistema nervioso ante un entorno que se vuelve difícil de tolerar.
Es importante anticipar lo que viene utilizando itinerarios simples, idealmente visuales, mencionar quiénes asistirán y generar un plan alternativo ante el fatigamiento del NNA.
Se debe priorizar la prevención de la sobrecarga con apoyos sencillos y consistentes, como protectores auditivos, objetos de regulación y señales para solicitar pausas.
Se recomienda reservar tiempo para la descompresión, con baja estimulación y una conversación breve para ajustar estrategias futuras.

